Cerrando un capítulo

Esta semana, a mi celular le dio con quedarse todo el día enseñándome nada más que la manzanita. En otras palabras, no podía usarlo, así que decidí llevarlo a una tienda de reparación. La única opción que tuve fue… programar el celular. Programarlo conllevaba un sacrificio; eliminar todo el contenido (fotos, videos, texto) que tenía en el celular.

Cuando tuve mi celular en mis manos, me invadió una mezcla de sentimiento al ver que mi iCloud nunca grabó las fotos y los chats del ser querido que perdí en diciembre del año pasado.

Dije para mis adentro, “cada día me va quedando menos y menos cosas de él”. Ese vacío me invadió por completo, me sentía triste, no lograba ver el propósito de esto.

Al día siguiente pensé, “Keishla, es doloroso desprenderse de cosas básicas como un chat, una foto donde aparece él, pero es hora de comenzar a dejar ir”.

Si, es hora de comenzar a dejar ir, de fluir mucho más y agradecer por lo que fue.

Ninguna experiencia pasa desapercibida sin dejarnos una lección que aplicar. Todo tiene un propósito aunque no lo puedas ver.

En mi caso, esta experiencia me enseñó que los mejores recuerdos los grabamos en nuestra mente, me enseñó que la tecnología nos puede fallar, porque es un invento humano. Aun así, podemos sacar de nuestro tiempo e imprimir los recuerdos para tenerlos presente en un álbum. Me enseñó que todo se puede desvanecer, pero ese ser querido siempre nos apoyará su mano en nuestro hombro aunque no lo podamos ver; nunca se irá de tu lado.

Conclusión:

No permitas que pequeños accidentes como este atormente tu paz interior. Está bien percibir todas las emociones en el PRESENTE, pero déjalo ir.

En la vida hay que dejar ir, hay que cerrar capítulos a su tiempo debido. Pero no te aferres a ellos, no abraces la emoción, simplemente déjalo ir. Para comenzar un camino nuevo hay que desprendernos de lo viejo.

#NosTenemos

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