Cada sanación es individual, pero quiero quiero compartir con ustedes mi proceso de sanación espiritual.
Sanar no es nada fácil. Hay días, horas, minutos, segundos en que me he sentido súper llena de energía y de repente “boom”, siento una ola de sentimientos mezclado. Mis pensamientos van y vienen; suben y bajan; a veces van lentos, a veces rápido, pero dejo que se manisfiesten.
Cada día me encamino a sanar aquella heridas que todavía siguen presente. No me duelen como la primera vez, pero siguen doliendo. El dolor sigue estando presente.
Para poder sanar, lo primero que hago es permitir que se manifieste, le dejo las puertas abiertas a mis sentimientos para que se manifiesten lo más natural posible. Dejo que fluya el dolor, dejo que se desahoguen poco a poco. Que vayan deshojando cada parte de la herida.
Una vez que lo manifiesto agradezco por el dolor, agradezco por la experiencia, agradezco por lo que fue y por lo que estoy aprendiendo de ella. Luego permito que entre la luz en la herida.
Necesitamos experimentar nuestras heridas para poder aprender a sanar.
Las heridas son parte de nuestra existencia, porque nos permite conocernos, nos permite romper los límites internos. Aunque la humanidad siempre nos han impuesto límites, en nuestro interior tenemos un super power de creación. Ese super power nos ayuda a conocernos, a crear y sobre todo a alejar y sanar.
Sanar no es fácil, tampoco se logra en un día, pero si sientes en tu interior un coraje de amor, un coraje de disposición en sanar lo lograrás a corto plazo. Porque recuérdalo siempre, tú y yo somos SERES DE LUZ, tú y yo podemos lograr todo lo que deseamos desde nuestra luz interna y si le añadimos la verdadera intención lo podemos lograr.
Te envío un abrazo lleno de luz, amor y paz.
#NosTenemos
